ESCRITOR, OBSERVADOR, INGLÉS, ESPÍA

Un espía es mucho más que James Bond. El superespía inglés 007 que se dedica a golpear, matar, destruir y salir de Rusia sin un rasguño no tiene nada que hacer con cualquiera de los personajes creador por John Le Carré. Mucho más inglés que británico, los protagonistas de sus novelas tienen una profundidad humana y una complejidad interior comparable a la de cualquiera de los mejores novelistas del mundo, como Shakespeare, Cervantes, Gabriel García Marquez o Graham Greene (este último demasiado papista para su gusto por cierto). Leer sus historias de espías es un viaje por la mente y los sentimientos de los hombres y mujeres que espiaron durante la guerra fría y también después. El amor a Inglaterra, al comunismo, al dinero o al poder, son las escusas que utilizan sus personajes para jugarse la vida por un dato, un microfilme o una fotografía.

Sus espías son hombres y mujeres buenos por naturaleza, pero sin asideros morales fuertes. Criados en hogares desestructurados crecieron sin modelos paternos y al llegar a la pubertad se sienten atormentados por su incapacidad para formar una identidad sólida. Las carencias afectivas generan una autoestima baja que unida a calamidades personales difuminan más sus personalidades endebles e inestables.  Sin embargo sus protagonistas tienen dos características que los hacen deseables para el servicio secreto, una que son grandes observadores y otra que son ingleses. Así pues una vez captados, son llevados a disimuladas granjas de entrenamiento donde se le instruye sobre los secretos del espionaje. Allí se les asignan nuevas identidades, que ellos abrazan sin muchos remilgos pues en un cuerpo desnudo cualquier abrigo es bueno.

En las  novelas de John le Carré los espías de otras nacionalidades son menos complejos. Son almas simples que obedecen a estímulos, bien genéticos como los primos norteamericanos, a los que incluye en sus tramas como un mal necesario para la lucha contra el enemigo comunista, o bien a estímulos condicionados, como los espías rusos y alemanes orientales, tan brutales y fanáticos como los americanos.

Durante la guerra fría el enemigo era el comunismo. Los traficantes de armas y los terroristas árabes vinieron más tarde, más o menos cuando los ingleses, ellos solitos,  derribaron el mundo y acabaron con el socialismo utópico de detrás de telón de acero. Los rusos no tienen espacio entre sus páginas, sus motivaciones son triviales, sus caracteres poco atractivos y sus doctrinas políticas erróneas. Son espías oscuros surgidos de las sombras de Siberia o de Alemania oriental. Son Inteligentes, manipuladores, crueles y por supuesto carecen de moral porque el dinero capitalista les encanta aunque lo oculten (excepto al insobornable superespía ruso Karla, claro)

Por otra parte, el resto del mundo apenas cuenta. Los franceses no existen y los alemanes occidentales hacen alguna breve aparición, pero solo porque estaban  cerca del meollo, pero por nada más. Ellos, los teutones de Bonn son el enemigo derrotado en ambas guerras mundiales, sin iniciativa propia pues están sometidos a los anglosajones, comen de la mano de Estados Unidos e Inglaterra (No Reino Unido).

En lineas generales el espionaje inglés es presentado como sofisticado y astuto, bellamente sencillo y ejecutado por gente afable, buena y amantes de la rutina. Por supuesto jamás matan, su educación y sus modales son intachables, son distantes con cualquiera que no sea anglosajón, y no hace falta aclarar que siempre son superiores y van un paso por delante de otros pueblos mucho menos civilizados.

Por último ninguna mención a John Le Carré y a sus libros puede hacerse sin hablar o escribir, como en este caso, del agente Smiley, su mejor creación. Regordete y solitario, espía y héroe inglés durante la segunda guerra mundial. Cornudo y traicionado por su bella esposa, pese a su fracasado matrimonio sin hijos y las duras críticas de la sociedad londinense a su desastroso estilo de Vida, él no se derrumba, nada detiene al bueno de Smiley. Es un amante de la cultura en general y de la alemana en particular. Es un maestro de espías, un patriota inglés y un hombre fuerte. Por su aspecto rechoncho no lo parece, pero Smiley es fuerte. Él no se rinde, lucha contra la adversidad, trabaja duro, su inteligencia está al servicio de su gran Amor, Inglaterra. Soporta humillaciones y desplantes, pero él es duro, bueno y sobretodo es un hombre al servicio de su país, y aunque pocos se lo digan, es un hombre indispensable en la casa de los espías. Y en los libros de Le Carré también.

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