HACIA UN NUEVO DESARROLLO PERSONAL

Hace unos meses publiqué un artículo sobre el movimiento hipster, donde describía a estos nuevos bohemios como individuos con una nueva sensibilidad. Tal vez el movimiento no sea más que la punta de lanza de un cambio social más profundo, cuyas raíces sean las nuevas formas de relacionarnos a través de las tecnologías. Internet ha cambiado la forma de conocer el mundo, y el móvil la forma de comunicarnos y sentirnos parte de la sociedad.

La crisis de valores que teníamos inculcados los españoles desde hace más de cuarenta años, ha terminado de dar un giro radical de 180 grados gracias a la tecnología y a la educación. Por una parte  la optimización de las jornadas laborales gracias al progreso de nuevas herramientas tecnológicas, permiten abarcar más trabajo con menos tiempo, más eficiencia y más productividad. Las jornadas maratonianas de doce horas casi seguidas de horario laboral, están siendo cada vez más cuestionadas. La jornada laboral partida está en el origen de una baja productividad y de un aumento de la desmotivación. Existe en la sociedad una clara predisposición a adoptar unas jornadas laborales continuas, que permitan compatibilizar el tiempo de ocio y la vida familiar, que  ayuden a los trabajadores a llevar una vida laboral más plena y productiva.

Otro de los valores que se están imponiendo en el mundo laboral es el de la formación continua. A partir de ahora el rápido desarrollo del conocimiento y de las tecnologías, obligará a los trabajadores a reciclar sus conocimientos de forma periódica y casi obligatoria, que completarán junto a sus jornadas laborales. La adaptación al entorno laboral de los trabajadores será prioritario para que una nación no pierda el tren del progreso y de la innovación. Su PIB estará cada vez más influido por la calidad y cualificación de sus ciudadanos.

Por otra parte, y volviendo al principio y a los nuevos bohemios, la concienciación ecológica y la sensibilidad hacia la producción de energías limpias, está llevando cada vez a más gente a una mayor independencia del consumismo. La proliferación de bicicletas, de huertos urbanos y de una forma de vida más sostenible con el medio ambiente, está en consonancia con  los hipsters y su forma de entender la vida.

Por último existe cada vez una mayor demanda de tiempo para el ocio. El crecimiento personal real no puede eludir que el desahogo de la rutina diaria, el estrés del trabajo y la necesidad de encontrar un espacio para desarrollar actividades que nos permitan disfrutar de los demás, son necesidades básicas que deben de ser satisfechas por el individuo. Está en juego nuestra calidad de vida, el disfrute de nuestro entorno y la capacidad para ser felices. La práctica de deporte y la vida sana no son solo valores relacionados con la juventud y su estética, sino que están relacionados con la juventud porque forma parte del ocio. El ocio es lo que impide que nos desapeguemos de nuestra infancia,  ayuda a  mantener nuestra vitalidad y a impedir que se acelere nuestro envejecimiento.

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