LA ENMIENDA 27

El 17 de septiembre de 1787, los representantes de las antiguas trece colonias de Norteamérica, las cuales habían formado parte del imperio británico hasta 1783, redactaron la Constitución de los Estados Unidos de América, con el fin de articular un gobierno eficaz para todas las excolonias que resolvieran sus problemas internos de seguridad, comerciales y de  representación.

Esta Constitución está formada por un preámbulo, siete artículos con sus respectivas secciones y veintisiete enmiendas, cuyas  diez primeras forman la famosa carta de derechos, donde se estipulan los derechos de los ciudadanos frente a la independencia de su presidente, la aristocracia del senado, las numerosas facultades del congreso y la excesiva autoridad del gobierno nacional. En definitiva se buscaba contrarrestar el poder absoluto del gobierno y sus abusos, con una carta que garantizara los derechos de los ciudadanos.

El autor de esta carta de derechos fue George Mason, representante del estado de Virginia, quien se negó a ratificar la Constitución es su estado, si antes los federalistas, que era la corriente que defendía la ratificación de esta, no aceptaban sus quince artículos de enmiendas. Finalmente el 15 de diciembre de 1791 se lograron que las tres cuartas partes de las asambleas legislativas de los estados, aprobaran diez de las enmiendas a la constitución de George Mason, logrando que se garantizaran los derechos básicos de los ciudadanos.

Desde entonces las enmiendas no han dejado de aprobarse y de ratificarse. Algunas de ellas tan importantes como la número XIII, ratificada el 6 de diciembre de 1865, promulgada por Abraham Lincoln y que abolía la esclavitud en USA. Otra famosa enmienda fue la número XVIII  que prohibía el licor desde 1919, aunque fue finalmente derogada por la enmienda XXI en 1933. La enmienda XIX garantizó el sufragio femenino desde 1920.

La última enmienda que ha sido ratificada es la número XXVII en 1992. En ella se dice textualmente:

NINGUNA LEY QUE MODIFIQUE LA REMUNERACIÓN POR LOS SERVICIOS DE LOS SENADORES Y REPRESENTANTES PODRÁ ENTRAR EN VIGOR MIENTRAS NO SE LLEVE A CABO UNA NUEVA ELECCIÓN DE REPRESENTANTES.

Esta enmienda fue propuesta por James Madison en 1789, sin embargo tardó doscientos años en ser ratificada por el congreso, al faltar la ratificación de al menos 38 de los estados. Esto se produjo finalmente cuando el estado de Michigan ratificó la enmienda el 7 de mayo de 1992.

Lo que garantiza la enmienda, es que ningún senador o miembro de la cámara de representantes que haya votado por una subida de sus salarios, pueda beneficiarse de estás durante sus respectivas legislaturas, siendo los que se beneficien de la citada subida salarial, los senadores y representantes de las siguientes legislaturas. La enmienda no impide que los senadores o congresistas puedan repetir mandato, pero tampoco hay nada que lo garantice, puesto que sus puestos los determinarán las urnas y su destino.

Aquí y ahora, en Europa en general y en España en particular, existe una gran desafección por la clase  política, más concretamente por la clase política de los partidos mayoritarios, tanto del Partido Popular de derecha como del  Partido Socialista Obrero Español de izquierda.

La sociedad observa en su entorno el deterioro de su estado del bienestar y de la clase media, de su futuro y de sus posibilidades de mejora y prosperidad. Mientras tanto, los políticos de las grandes formaciones de cualquier administración, cobran sueldos muy por encima de la realidad social, disfrutan de unas dietas injustificadas, de ciertos lujos y de importantes privilegios, que generan gastos enormes en la administración pública, sustentada como siempre por el dinero del sufrido contribuyente. Cuando después de su vida política abandonan sus cargos, pasan a formar parte de las grandes empresas energéticas o de telecomunicaciones, donde nunca o muy rara vez pueden dar una explicación creíble de cual es su función o su responsabilidad en ellas.

La enmienda 27 es un ejemplo de los representantes  de USA, por aumentar la honradez política, su voluntad de servicio al pueblo y  generar confianza entre sus ciudadanos. Esa confianza es precisamente la que se ha perdido en España,  y que se ha manifestado en un auge de los partidos minoritarios, libres aún sus miembros de las sucias  garras de la codicia y del poder absoluto.

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