SOMOS RICOS

Hace treinta años una devastadora hambruna asoló la parte nororiental de África, más concretamente el norte de Etiopía. La situación fue tan desesperada que gente de todo el mundo colaboró para concienciar a la parte rica del planeta de la situación de agonía que se estaba viviendo. El cantante Bob Geldof lideró una campaña mediática y fundo una organización para ayudar al continente negro.

Hoy en día Tigray, que fue una de las regiones Etíopes que sufrió aquel infierno de sequía, desierto, hambre y guerra se ha transformado en un pequeño oasis. Sus habitantes han logrado organizarse y repartiéndose la tareas y el esfuerzo, han construido con picos, palas y herramientas hechas por ellos mismos una serie de ribazos en las laderas de las montañas, con el fin de retener el agua de las lluvias estacionales, logrando que esta no fluya laderas abajo y termine perdiéndose para siempre.

Gracias a estas laderas escalonadas y a pequeños embalses artificiales, han logrado hacer brotar en medio del inmisericorde desierto una cadena ininterrumpida de huertos, campos de cultivo y pozos de agua fresca. Los antaño parias de la tierra son ahora granjeros que cultivan sus tierras y consiguen hasta tres cosechas al año de patatas, maíz, cebollas y tomates. Tienen tanto éxito que paradójicamente se están viendo desbordados por la inmigración de vecinos de regiones aledañas que buscan en la región de Tigray nuevas tierras con sistemas de trabajo bien organizados, donde puedan empezar una nueva vida como prósperos granjeros. Tigray es hoy una región emergente que busca ahora nuevas comodidades y avances. Una de ellas es la cotizadísima energía eléctrica.

Aquí en el mundo occidental vivimos confortablemente en nuestras viviendas espaciosas e iluminadas, tenemos coches y motos, neveras llenas y armarios llenos de ropa. Por supuesto tenemos televisiones, consolas de videojuegos e internet. Si nos ponemos enfermos disponemos de equipadísimos hospitales y centros de salud con profesionales preparados, y a pocos metros de cualquiera de nosotros existen farmacias repletas con miles de medicamentos. Vivimos  protegidos por un estado de derecho con tribunales de justicia y fuerzas de seguridad competentes. Cerca de nosotros existe un abanico de centros comerciales, bibliotecas y polideportivos y pese a todo ello, pese a todo de lo que poseemos, disfrutamos y adquirimos vivimos siempre en una continua insatisfacción. Nos pasamos los días de nuestras vidas tratando de saciar nuestro hambre de necesidades efímeras que una vez satisfechas nos vuelven a generar más hambre, como una droga que necesita más y más dosis que provoquen el mismo efecto delirante y narcótico. Ya no nos detenemos a darnos cuenta de las cosas que hacemos, pensamos o sentimos. Nuestra personalidad es un cúmulo de cosas que compramos, desechamos y volvemos a comprar. Nos pasamos la vida haciendo lo que los demás quieren o desean que hagamos, pero ¿cuándo hacemos lo que de verdad queremos hacer nosotros?. Cada vez que llenamos nuestra vida de más cosas y más necesidades nos alejamos cada vez más de nosotros mismos y de todo aquello que de verdad nos llena. Como dice la famosa frase que todos sabemos pero nadie sabe cómo ponerla en práctica No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita.

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