¿TENEMOS FUTURO?

Siempre he creído que las personas se construyen sus futuros a través de su trabajo, esfuerzo y ahorros. En el mundo en que yo he vivido hasta hace unos años, el esfuerzo tenía su recompensa, y quién estaba dispuesto a sacrificarse obtenía su premio. El trabajo es el vehículo que debe llevarnos a la satisfacción personal, a una satisfacción de nuestros valores y a una satisfacción de nuestras necesidades materiales. Sin embargo ahora el mundo ya no es así, el trabajo hoy en día sólo permite subsistir cuando antes permitía prosperar. Antes los trabajadores, tanto mujeres como hombres, traducían sus esfuerzos en hogares confortables, vehículos, alimentación y ocio. Hoy el trabajo se ha convertido en una obligación para alejarnos del precipicio de la exclusión social. Con todo, la gente que trabaja no deja de generar riqueza, solo que  esa riqueza que se genera ya no revierte en la gente.

Decía una dirigente comunista hace unos días en un programa televisivo en España, que el dinero simplemente pasa de unas manos a otras. Eso es falso, el dinero no es como lo que dice el principio de la termodinámica sobre la energía,” que ni se crea ni se destruye sino que se transforma”. El dinero y la riqueza se generan, y las sociedades que generan riqueza revirtiendo en los trabajadores son sociedades prósperas. La riqueza no hay que repartirla o distribuirla como decía también la dirigente de izquierdas, sino que hay que generarla.

Por otra parte hoy en día la Vida ya no es como hace cuarenta años. La sociedad ha aumentado su número de necesidades. Hace unas décadas nadie tenía teléfono móvil, ni internet, ni aire acondicionado,  ni se viajaba tan a menudo al extranjero. La sociedad cambia y las necesidades aumentan. Así que el trabajo debe de ser lo suficientemente productivo para que nuestros sueldo sean capaces de cubrir todas nuestras necesidades. Sin embargo eso no está ocurriendo, con demasiada frecuencia se da el caso de que la gente que trabaja no puede cubrir todas sus necesidades con su sueldo. Es más hay un número enorme de personas que o no tiene trabajo o el que tiene es inestable y de corta duración.

A todo ello hay que sumar la innegable aportación de los bancos a la falta de dinero en circulación. Los bancos tienen a buen recaudo las monedas y billetes por lo que pueda pasar. Si el dinero no circula no se pueden pagar las deudas, las empresas despiden trabajadores y estos ni se endeudan ni pagan sus deudas antiguas, dando como  resultado que el trabajo se destruya.

Ante este panorama, las personas en general se ponen contentas cuando encuentran trabajos aunque sean temporales donde el sueldo bruto ronda los mil euros. Hace años en España se publicó un libro que trataba sobre los “mileuristas”, y donde se describía a un trabajador que debía subsistir con un sueldo de  entre 800 y 1200 euros mensuales casi como un  excluido social. ¡Cómo han cambiado los tiempos!. Así pues el dinero hoy en día ya no circula y el poco que lo hace supone un esfuerzo titánico para los trabajadores que necesitan ganarlo. El trabajo aumenta, la riqueza se genera pero la prosperidad solo fluye en una dirección, hacia los bolsillos y cámaras acorazadas de banqueros, bancos e inversores. Hasta que el dinero no empiece a fluir en todas direcciones, y no solo en una cómo hasta ahora, el trabajo se parecerá más a una forma de esclavitud que a una actividad enriquecedora, tanto personal como materialmente. El futuro solo existe si hay trabajo que genere riqueza, prosperidad y bienestar para todos.

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